martes, 17 de noviembre de 2020

Los cuatro hermanos

Los Cuatro Hermanos Ingeniosos

Adaptación de los hermanos Grimm


Había un hombre pobre que tenía cuatro hijos. Cuando se hicieron
mayores, les llamó y dijo:

-Hijos míos, ya es hora de que se marchen, porque yo
no tengo nada que darles. Vayan, aprendan un oficio y mucha suerte

Los hermanos se despidieron de su padre y salieron a correr mundo;
caminaron algún tiempo, y llegaron a un cruce de caminos que los llevaban hacia
cuatro sitios distintos. 

El hermano mayor dijo:

-Vamos a separarnos aquí mismo, y cada uno de
nosotros buscará fortuna por su cuenta.

Los hermanos se fueron cada cual por su lado. El primero se
encontró con un hombre, que le preguntó dónde iba y qué buscaba.

-Voy a aprender un oficio –dijo el muchacho.

Y el hombre le dijo:
-Ven conmigo y aprenderás a ser un gran ladrón.

-¡ No, de ninguna manera!, eso es deshonesto  y uno puede terminar  en la horca. - dijo angustiado el hermano mayor

-No tengas miedo,  Yo sólo te enseñaré a apoderarte de lo que nadie puede coger, sin dejar rastro.

Entonces, el muchacho se dejó convencer y  aprendió a ser ladrón muy hábil, que se apoderaba de todo lo que quería.

El segundo hermano se encontró con otro hombre que le preguntó
dónde iba, y él le dijo que todavía no sabía qué oficio escoger. El hombre le
dijo entonces:

-Ven conmigo y te enseñaré a ser astrónomo. Podrás ver las estrellas, es un gran oficio y conocerás cosas que los demás no pueden.

Al chico le encantó la idea, y aprendió muy bien la astronomía. Cuando ya sabía su oficio, su maestro le obsequio un anteojo maravilloso, y le dijo:

-Con este anteojo podrás ver todo lo que hay en el cielo y en la tierra;
no habrá nada que no puedas ver.

El tercer hermano se fue con un cazador que le enseñó todos los
secretos de la caza; aprendió muy bien, y al despedirse de su maestro,
este le dio una escopeta y le dijo:

-Con esta arma acertarás siempre en el blanco; nunca fallarás el
tiro.

Y el más pequeño de los hermanos se encontró también con un
caminante, que le preguntó qué buscaba por el mundo; el chico le explicó
que quería aprender un buen oficio, y el hombre le dijo:

-Yo soy sastre, y podría enseñarte el oficio muy bien.

-No me gustaría, contesto el hijo menor; me aburriría todo el día sentado, dándole a la
aguja. 

- No es lo que crees,  yo te enseñaría a ser un sastre distinto. Además te harías muy famoso y ganarías mucho dinero. 

El pequeño se dejó convencer, se marchó con el hombre y aprendió
a su lado el oficio de sastre y cuando se despidió de su maestro, este le dio una
aguja especial y le dijo:

-Mira, con esta aguja puedes coser cualquier cosa, aunque sea dura
como el acero; y quedará tan bien, que no se notará la costura.

Ya habían pasado cuatro años, y los hermanos se reunieron en el cruce de
caminos donde se habían separado; se dieron muchos abrazos, y juntos
volvieron a la casa de su padre.

-¡Qué alegría! –dijo el padre al verlos- ¡Los buenos vientos os han
traído a mi lado otra vez!

Los muchachos les contaron todas sus aventuras y lo que habían
aprendido. Estaban sentados debajo de un árbol, a la puerta de la casa, y
el padre dijo:

-Voy a ver lo que aprendiste. Tú, hijo mío, que has aprendido a mirar al
cielo, dime si eres capaz de ver los huevos que hay en el nido de aquella
rama y dijo:

-En el nido hay cinco huevos.

-Muy bien –dijo el padre-, Pues ahora tú, hijo que presumes de
apoderarte con tanta habilidad de las cosas, a ver si puedes coger los
huevos sin que se entere la pajarita que los está empollando.

El ladrón subió al árbol, y cogió los huevos sin que la pajarita lo
notara siquiera. El padre puso los huevos sobre la mesa, uno en cada
esquina y el quinto en el centro, y le dijo al cazador:

-Ahora, a ver si de un tiro partes por la mitad los cinco huevos.
El muchacho apuntó, disparó y partió los cinco huevos de un sólo
tiro.

Increíble! –Dijo el padre-.
 Pues ahora tú, hijo pequeño, a ver si
puedes coser los huevos sin que se note que los han partido.

El sastrecillo sacó su aguja y cosió los cinco huevos perfectamente;
luego el ladrón los puso otra vez en el nido, sin que la pajarita se enterase
de nada, y a los pocos días nacieron los pajarillos, y tenían en el cuello una
rayita colorada, que era por donde el sastre había cosido los huevos.

El padre dijo a sus hijos:

- Tengo que felicitarlos, porque aprovecharon el tiempo y aprendieron cosas muy útiles. No sé cuál de ustedes vale más; cuando llegue la ocasión ya se verá.

Al poco tiempo todo aquel país estuvo en peligro, porque un enorme dragón
había raptado a la princesa. 
El rey estaba desesperado, y se pasaba los
días y las noches pensando cómo podría salvar a su hija; al fin mandó
pregonar que el que la liberara del dragón se casaría con ella. Los cuatro
hermanos, que oyeron el anuncio, dijeron:

-Ahora tenemos una buena ocasión de lucirnos.
Decidieron ir en busca de la princesa, y el astrónomo sacó su
anteojo, miró hacia todas partes, y de pronto dijo:

-¡Ya la veo, ya la veo! Está muy lejos, en una roca en medio del mar,
y a su lado veo al dragón, cuidándola.

Entonces fue al palacio del rey, le dijo dónde había visto a su hija
y le pidió que le diera un barco para ir con sus hermanos a buscarla. 
El rey les dio el barco, y los hermanos salieron por el mar, hacia la roca
donde estaba la princesa; allí la encontraron sentada, y el dragón estaba
dormido con la cabeza apoyada en sus rodillas. El hermano cazador dijo
entonces:

-No puedo disparar, porque mataría también a la princesa.

-No te apures, yo voy a intentar una cosa –dijo el ladrón, y empezó a
arrastrarse por el suelo con mucho cuidado, y sacó a la princesa de la roca
sin que el dragón lo notara. 

Los jóvenes estaban muy contentos, y se subieron al barco con la princesa, para marcharse en seguida de allí; pero el dragón se despertó y vio que se llevaban la princesa en el barco, así que echó a volar dando unos resoplidos furiosos; estaba
ya encima del barco, cuando el hermano cazador apuntó bien con su
escopeta, y mató al dragón de un tiro en el corazón.

 Pero el dragón cayó sobre el barco y como era tan pesado ,  lo destrozó, y los hermanos y la princesa se quedaron en medio del mar, agarrados a unas tablas, y
pensaron que se iban a ahogar. 
Pero el hermano sastre, en aquel momento, sacó
su aguja y cosió unas cuantas tablas, todos ayudaron a juntar los pedazos y el los unió pudiendo regresar sin problema a casa.

Cuando el rey vio venir a su hija se puso contentísimo y dijo a los
hermanos:

-Uno de vosotros se casará con ella: decid vosotros mismos quién
será su esposo.

El astrónomo dijo :  Yo la encontré,  si no es por mí, no la hubiéramos podido salvar

El ladrón decía:
-Yo la rescaté sin que el dragón se diera cuenta,  Yo me casaré
con ella.

El cazador contestó:
-¡Yo maté al dragón! Si no es por mí, a estas horas la princesa y
todos nosotros estaríamos muertos. Yo me casaré con ella.

Y el sastrecillo decía:
-¡Yo cosí el barco! Si no lo hubiera hecho, estaríamos todos ahogados.

El Rey los miró seriamente y dijo: 

-Ya veo que todos colaboraron para salvar a mi hija; pero
pues como ella no se puede  casar con los cuatro, será mejor que no se case con
ninguno. Lo que haré será darles a cada uno parte de mi reino.

A los hermanos les pareció muy buena aquella idea, y dijeron:

-Si, es mucho mejor que nos den una parte del reino a cada uno; así
no nos pelearemos.
Y el rey les dio hermosas tierras y castillos, y todos vivieron contentos
con su padre hasta que Dios se los quiso llevar.


Fin

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