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martes, 17 de noviembre de 2020

Los cuatro hermanos

Los Cuatro Hermanos Ingeniosos

Adaptación de los hermanos Grimm


Había un hombre pobre que tenía cuatro hijos. Cuando se hicieron
mayores, les llamó y dijo:

-Hijos míos, ya es hora de que se marchen, porque yo
no tengo nada que darles. Vayan, aprendan un oficio y mucha suerte

Los hermanos se despidieron de su padre y salieron a correr mundo;
caminaron algún tiempo, y llegaron a un cruce de caminos que los llevaban hacia
cuatro sitios distintos. 

El hermano mayor dijo:

-Vamos a separarnos aquí mismo, y cada uno de
nosotros buscará fortuna por su cuenta.

Los hermanos se fueron cada cual por su lado. El primero se
encontró con un hombre, que le preguntó dónde iba y qué buscaba.

-Voy a aprender un oficio –dijo el muchacho.

Y el hombre le dijo:
-Ven conmigo y aprenderás a ser un gran ladrón.

-¡ No, de ninguna manera!, eso es deshonesto  y uno puede terminar  en la horca. - dijo angustiado el hermano mayor

-No tengas miedo,  Yo sólo te enseñaré a apoderarte de lo que nadie puede coger, sin dejar rastro.

Entonces, el muchacho se dejó convencer y  aprendió a ser ladrón muy hábil, que se apoderaba de todo lo que quería.

El segundo hermano se encontró con otro hombre que le preguntó
dónde iba, y él le dijo que todavía no sabía qué oficio escoger. El hombre le
dijo entonces:

-Ven conmigo y te enseñaré a ser astrónomo. Podrás ver las estrellas, es un gran oficio y conocerás cosas que los demás no pueden.

Al chico le encantó la idea, y aprendió muy bien la astronomía. Cuando ya sabía su oficio, su maestro le obsequio un anteojo maravilloso, y le dijo:

-Con este anteojo podrás ver todo lo que hay en el cielo y en la tierra;
no habrá nada que no puedas ver.

El tercer hermano se fue con un cazador que le enseñó todos los
secretos de la caza; aprendió muy bien, y al despedirse de su maestro,
este le dio una escopeta y le dijo:

-Con esta arma acertarás siempre en el blanco; nunca fallarás el
tiro.

Y el más pequeño de los hermanos se encontró también con un
caminante, que le preguntó qué buscaba por el mundo; el chico le explicó
que quería aprender un buen oficio, y el hombre le dijo:

-Yo soy sastre, y podría enseñarte el oficio muy bien.

-No me gustaría, contesto el hijo menor; me aburriría todo el día sentado, dándole a la
aguja. 

- No es lo que crees,  yo te enseñaría a ser un sastre distinto. Además te harías muy famoso y ganarías mucho dinero. 

El pequeño se dejó convencer, se marchó con el hombre y aprendió
a su lado el oficio de sastre y cuando se despidió de su maestro, este le dio una
aguja especial y le dijo:

-Mira, con esta aguja puedes coser cualquier cosa, aunque sea dura
como el acero; y quedará tan bien, que no se notará la costura.

Ya habían pasado cuatro años, y los hermanos se reunieron en el cruce de
caminos donde se habían separado; se dieron muchos abrazos, y juntos
volvieron a la casa de su padre.

-¡Qué alegría! –dijo el padre al verlos- ¡Los buenos vientos os han
traído a mi lado otra vez!

Los muchachos les contaron todas sus aventuras y lo que habían
aprendido. Estaban sentados debajo de un árbol, a la puerta de la casa, y
el padre dijo:

-Voy a ver lo que aprendiste. Tú, hijo mío, que has aprendido a mirar al
cielo, dime si eres capaz de ver los huevos que hay en el nido de aquella
rama y dijo:

-En el nido hay cinco huevos.

-Muy bien –dijo el padre-, Pues ahora tú, hijo que presumes de
apoderarte con tanta habilidad de las cosas, a ver si puedes coger los
huevos sin que se entere la pajarita que los está empollando.

El ladrón subió al árbol, y cogió los huevos sin que la pajarita lo
notara siquiera. El padre puso los huevos sobre la mesa, uno en cada
esquina y el quinto en el centro, y le dijo al cazador:

-Ahora, a ver si de un tiro partes por la mitad los cinco huevos.
El muchacho apuntó, disparó y partió los cinco huevos de un sólo
tiro.

Increíble! –Dijo el padre-.
 Pues ahora tú, hijo pequeño, a ver si
puedes coser los huevos sin que se note que los han partido.

El sastrecillo sacó su aguja y cosió los cinco huevos perfectamente;
luego el ladrón los puso otra vez en el nido, sin que la pajarita se enterase
de nada, y a los pocos días nacieron los pajarillos, y tenían en el cuello una
rayita colorada, que era por donde el sastre había cosido los huevos.

El padre dijo a sus hijos:

- Tengo que felicitarlos, porque aprovecharon el tiempo y aprendieron cosas muy útiles. No sé cuál de ustedes vale más; cuando llegue la ocasión ya se verá.

Al poco tiempo todo aquel país estuvo en peligro, porque un enorme dragón
había raptado a la princesa. 
El rey estaba desesperado, y se pasaba los
días y las noches pensando cómo podría salvar a su hija; al fin mandó
pregonar que el que la liberara del dragón se casaría con ella. Los cuatro
hermanos, que oyeron el anuncio, dijeron:

-Ahora tenemos una buena ocasión de lucirnos.
Decidieron ir en busca de la princesa, y el astrónomo sacó su
anteojo, miró hacia todas partes, y de pronto dijo:

-¡Ya la veo, ya la veo! Está muy lejos, en una roca en medio del mar,
y a su lado veo al dragón, cuidándola.

Entonces fue al palacio del rey, le dijo dónde había visto a su hija
y le pidió que le diera un barco para ir con sus hermanos a buscarla. 
El rey les dio el barco, y los hermanos salieron por el mar, hacia la roca
donde estaba la princesa; allí la encontraron sentada, y el dragón estaba
dormido con la cabeza apoyada en sus rodillas. El hermano cazador dijo
entonces:

-No puedo disparar, porque mataría también a la princesa.

-No te apures, yo voy a intentar una cosa –dijo el ladrón, y empezó a
arrastrarse por el suelo con mucho cuidado, y sacó a la princesa de la roca
sin que el dragón lo notara. 

Los jóvenes estaban muy contentos, y se subieron al barco con la princesa, para marcharse en seguida de allí; pero el dragón se despertó y vio que se llevaban la princesa en el barco, así que echó a volar dando unos resoplidos furiosos; estaba
ya encima del barco, cuando el hermano cazador apuntó bien con su
escopeta, y mató al dragón de un tiro en el corazón.

 Pero el dragón cayó sobre el barco y como era tan pesado ,  lo destrozó, y los hermanos y la princesa se quedaron en medio del mar, agarrados a unas tablas, y
pensaron que se iban a ahogar. 
Pero el hermano sastre, en aquel momento, sacó
su aguja y cosió unas cuantas tablas, todos ayudaron a juntar los pedazos y el los unió pudiendo regresar sin problema a casa.

Cuando el rey vio venir a su hija se puso contentísimo y dijo a los
hermanos:

-Uno de vosotros se casará con ella: decid vosotros mismos quién
será su esposo.

El astrónomo dijo :  Yo la encontré,  si no es por mí, no la hubiéramos podido salvar

El ladrón decía:
-Yo la rescaté sin que el dragón se diera cuenta,  Yo me casaré
con ella.

El cazador contestó:
-¡Yo maté al dragón! Si no es por mí, a estas horas la princesa y
todos nosotros estaríamos muertos. Yo me casaré con ella.

Y el sastrecillo decía:
-¡Yo cosí el barco! Si no lo hubiera hecho, estaríamos todos ahogados.

El Rey los miró seriamente y dijo: 

-Ya veo que todos colaboraron para salvar a mi hija; pero
pues como ella no se puede  casar con los cuatro, será mejor que no se case con
ninguno. Lo que haré será darles a cada uno parte de mi reino.

A los hermanos les pareció muy buena aquella idea, y dijeron:

-Si, es mucho mejor que nos den una parte del reino a cada uno; así
no nos pelearemos.
Y el rey les dio hermosas tierras y castillos, y todos vivieron contentos
con su padre hasta que Dios se los quiso llevar.


Fin

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jueves, 17 de septiembre de 2020

 El Príncipe Rana

Adaptación del cuento de Jacob y Wilhelm Grimm 




En un reino lejano, vivía un rey que tenía tres hijas, cerca del palacio del rey había un gran bosque y un lago.
A la hija menor le gustaba sentarse en la orilla del lago, se llevaba una bola de oro con la que le gustaba jugar, la tiraba a lo alto y la volvía a coger.

Un día mientras jugaba, la bola de oro fue a parar al suelo y de allí rodó al agua yéndose al fondo.

Se puso muy triste y empezó a llorar, mientras se lamentaba,  escuchó una voz.

 —¿Qué tienes princesa? - la joven miró entonces a su alrededor, para ver de dónde salía la voz, y vio una rana que sacaba del agua su verde cabeza:

 — Pues  lloro por mi bola de oro, que se me ha caído.

 —Tranquilízate y no llores —le contestó la rana—; yo puedo regresártela, pero ¿Qué me darás, si te devuelvo tu juguete? 

—Lo que pidas —le dijo— mis vestidos, mis joyas y hasta la corona dorada que llevo puesta. La rana contestó: 

—Lo que me ofreces no me sirve de nada; pero si me prometes tenerme a tu lado como amiga y compañera , sentarme contigo a tu mesa, darme de beber en tu vaso de oro, de comer en tu plato y acostarme en tu cama, yo bajaré al fondo del lago y te traeré tu bola de oro.

 — Si me devuelves mi bola de oro, acepto. - Mientras decía esto la princesa pensaba que la rana estaba loca y que nunca le cumpliría lo prometido.

La rana, en cuanto recibió la palabra de la joven, hundió su cabeza en el agua, bajó al fondo y un rato después apareció de nuevo, llevando en la boca la bola, que arrojó en la yerba.
La hija del rey, llena de alegría tomó su juguete y se marchó con él corriendo.

 —¡Espera, no me dejes! —le gritó la rana—. Llévame contigo; yo no puedo correr como tú. Pero de poco le sirvió gritar, pues la princesa no le hizo caso dejándola observando.

A la mañana siguiente, desayunaba con su padre y cuando comía en su plato de oro, escuchó ruido en la entrada, poco después alguien llamó a la puerta y dijo:

 —Princesa, ábreme. La joven se levantó y quiso ver quién estaba fuera; pero, en cuanto abrió, vio a la rana del lago. 

Cerró la puerta corriendo, se sentó en seguida a la mesa y se puso muy triste. El rey al ver su tristeza le preguntó:

 —Hija mía, ¿Qué tienes? ¿Hay en la puerta algún gigante y viene a llevarte? 

—¡Ah, no! —contestó— no es ningún gigante, sino una horrible rana.

El rey se quedó pensativo y preguntó  —¿Para qué te quiere?

 — Ayer, cuando estaba jugando en el lago, se me cayó al agua mi bola de oro.

 La rana se ofreció a ayudarme a cambio de la promesa de que sería mi compañera; pero nunca creí que me siguiera. Ahora quiere entrar. 

Entre tanto el animal llamaba por segunda vez diciendo: —princesa, ábreme, cumple tu palabra.

 Entonces dijo el rey: 
—Debes cumplirle lo que le has prometido, ve y ábrele. 

La joven fue y abrió la puerta y entró la rana, yendo siempre junto a sus pies hasta llegar a su silla y dijo:

 — Siéntame contigo. La niña no quería pero su padre la observó con severidad.

  —Ahora acércame tu plato y  comeremos juntas y tu vaso para beber agua. 

La rana comió mucho, pero dejaba casi la mitad de cada bocado. Al fin dijo: 

—Estoy harta y cansada, llévame a tu cuarto y acuéstame  en tu cama y dormiremos juntas.

La hija del rey no creía lo que decía el animal, pensar en dormir con esa fea y fría criatura  no le parecía.

 Pero el rey le dijo:
 —No desprecies a quien tan amablemente te ayudó.

La princesa subió a su habitación  y la rana le ordenó que la recostara, la joven se enojo mucho así la que la tomó y la arrojo contra la pared con mucha fuerza.

Se arrepintió y cuando corrió a ver como estaba la rana, vio que se convertía en un apuesto joven, le contó que era un príncipe que había sido hechizado por una bruja pero gracias a que ella le prometió llevarlo  y lo recibió en su casa , le dio de su plato y vaso de comer y beber y la llevó a su habitación el hechizo se rompió.

Decidieron casarse así que regresaron al reino del príncipe.

En el carruaje iba el fiel ayudante del joven llamado Enrique, quien cuando se enteró lo que le pasó a su amo, se puso tres varillas de hierro encima del corazón para que no estallara del dolor y la tristeza.

Cuando recorrieron un poco el camino oyó el hijo del rey una cosa que sonaba detrás, como si se rompiera algo. Entonces se volvió y dijo:

 —¿Enrique, se ha roto el coche? 
—No, no es el coche lo que falla, es una varilla de mi corazón, la cual fue puesta ahí cuando usted fue convertido en rana y lo encarcelaron a vivir en el lago. 

Sonó el mismo ruido otras dos  veces ya que el siervo estaba muy feliz de que el hechizo se hubiera roto y su corazón se libero.

Al llegar al reino los jóvenes se casaron y fueron muy felices para siempre.

Fin

Moraleja
Recuerden que cuando prometemos algo hay que cumplirlo ya que nuestra palabra es importante y a veces cuando ayudamos a las personas podemos tener agradables sorpresas





martes, 30 de junio de 2020

EL HADA DE LA FUENTE


EL HADA DE LA FUENTE
Adaptación : Charles Perrault 
Edades: 7 años en adelante.



Había una vez  una viuda que tenía dos hijas; la mayor se le parecía en el carácter y en el físico ya que ambas eran orgullosas y molestas y era difícil  vivir con ellas. 
La hija menor, se parecía a su difunto padre ya que era gentil y dulce además muy bella.
 Su consentida era su hija mayor y sentía una aversión atroz por la más pequeña y por eso la hacía comer en la cocina y trabajar sin cesar además  la hacia caminar una media legua de distancia para buscar agua en una fuente.

Un día que la hija fue por el agua, se le acercó una pobre mujer pidiéndole que le diera un poco.

- Claro, mi buena señora - Y llenando su jarra, sacó agua de la fuente y se la ofreció.  La buena mujer, después de beber, le dijo:

-Eres tan amable, que te obsequiare un don -en realidad, era un hada que había tomado la forma de una pobre aldeana para ver hasta dónde llegaría la gentileza de la joven

Te concedo el don -prosiguió el hada- de que por cada palabra amable que pronuncies saldrá de tu boca una flor o una piedra preciosa.

Dicho esto el hada desapareció

Cuando la joven llegó a casa, su madre la regaño por tardarse tanto, esta le respondió:

-Perdón, madre -dijo la joven- y al decir estas palabras, le salieron de la boca dos rosas, dos perlas y dos grandes diamantes.

-¡Increíble! -dijo la madre, asombrada- ¡parece que de la boca te salen perlas y diamantes! ¿Cómo es eso?

La  niña le contó todo lo que le había pasado.

La madre pensó que debía mandar a su otra hija, y le dio una jarra diciéndole que cuando se le acercara una mujer y le pidiera algo de beber fuera muy amable y se la diera.


La hija mayor fue, pero  refunfuñando y quejándose. 
Se llevó un hermoso jarro de plata de la casa.

Cuando llego al bosque  vio salir del bosque a una dama magníficamente vestida que le pidió agua : era la misma hada que se había aparecido a su hermana, pero que se presentaba con las ropas de una princesa, para probarla.

-¿Quieres agua? pues claro que te doy , si he tenido que caminar solo para eso.- le dijo de forma grosera la hermana mayor
 ¡Justamente he traído una jarra de plata para dar de beber a su señoría!  acércate y bebe directamente, si eso es lo que quieres.

-No eres nada amable -repuso el hada, sin enojarse-; veo que no lo haces con amabilidad sino por obligación así que te otorgo el don de que a cada palabra que pronuncies, te salga de la boca una serpiente o un sapo.

La hija mayor salió corriendo a su casa y cuando su madre la vio acercarse le gritó:

-¡Y bien, hija mía, cómo te fue?

-¡Pues que esperabas, mal  -respondió la malvada, echando dos víboras y dos sapos.

-¡Cielos! -exclamó la madre- ¿qué te pasó? 
¡Tu hermana tiene la culpa, me las pagará! -y corrió a pegarle a su otra hija.

La pobre hija menor huyó y fue a refugiarse en el bosque , en ese momento pasó el príncipe que regresaba de ir de cacería, la encontró y viéndola tan hermosa le preguntó qué hacía allí sola y por qué lloraba.

-¡Ay!, señor, es mi madre que me ha echado de la casa, pero yo se que no lo hizo de mala fe.

El hijo del rey, vio salir de la boca de la joven  cinco o seis perlas y otros tantos diamantes, le rogó que le dijera de dónde le venía aquello. Ella le contó toda su aventura.

El hijo del rey se enamoró de ella, y considerando que semejante don valía más que todo lo que se pudiera ofrecer, la llevó con él al palacio de su padre, donde se casaron.

En cuanto a la hermana, se volvió cada día más odiosa , y su propia madre la echó de la casa; así que tuvo que irse a vivir sola al bosque por siempre


Fin


Moraleja
Siempre hay que ser amables con las personas tal vez en esa persona podemos encontrar un gran amigo


lunes, 22 de junio de 2020

BARBA AZUL


BARBA AZUL
Edades : 7 años en adelante
Adaptación Charles Perrault




En un lejano país vivía un señor feudal que tenía muy mal genio y por eso nadie quería servir en su castillo.

Un día le dijo a unos conejos que les dejaría comer las zanahorias de su huerto si le conseguían una criada.

-¿Encontrar a alguien que quiera trabajar contigo? -preguntaron los conejos, echando a correr-. 
¿No sabes que todos te llaman "Barba Azul"no solo por tu barba sino por tu mal carácter?

-¡Fuera de mi vista! -gritó Barba Azul muy enojado,

Al día siguiente llegaron al castillo dos hermanas. Una de cabello negro llamada  Ana María y la otra rubia llamada Rosa y las dos buscaban trabajo.

-¡Ja, ja, ja! -pensó Barba Azul-. Gastaré muy poco ya que comen como pajaritos y trabajaran todos los días sin descanso.

Aunque le parecían muy jóvenes, Barba Azul empleo a las dos muchachas y las ponía a hacer las labores más pesadas y complicadas que encontraba.
Con el tiempo Barba Azul le pidió a Ana que se casará con él, ella no estaba segura pero con tal de ayudar a su hermana aceptó.


Cierta mañana que Rosa había salido al pueblo de compras, Barba Azul le entregó unas llaves a Ana María:

-Voy a salir de viaje unos días. Toma estas llaves, para que durante mi ausencia, puedas abrir y limpiar todas las habitaciones. Pero no abras la puerta del gabinete azul.

Pero Ana María, que era muy curiosa, no pudo resistir la tentación de abrir la puerta del gabinete azul , ya que pensaba que encontraría ahí un tesoro o joyas que podría llevarse.

Pero en la habitación no había ningún tesoro, sino varias muchachas convertidas en estatuas de piedra.

-¡Oh! -gritó Ana María, muy asustada.

Un gato salió de un rincón diciéndole:
- Te ocurrirá lo mismo que a ellas,  mi señor las convirtió en estatuas de piedra por haber sido tan curiosas como tú.

Barba Azul regresó al castillo antes de lo previsto y sorprendió a Ana María saliendo de la habitación azul.

-¡Perdón! -suplicó Ana María.

- Has entrado en la habitación prohibida y voy a castigarte como a las otras.
- No lo hagas o al menos antes deja que me despida de mi hermana.

- Esta bien, te daré media hora, después te convertiré en estatua.


Cuando Rosa regresó al castillo y se enteró de lo sucedido, abrazó a su hermana y le preguntó  que podían hacer para evitar el castigo.

-Sube a una de las torres -dijo Ana María- a ver si llegan nuestros hermanos.

-¿No recuerdas que hoy prometieron venir a visitarnos?
Su hermana hizo lo que Ana le pidió.

-¡Hermanita, hermanita! -gritó la muchacha-. ¿Ves algo?

-¡No! -respondió Rosa-. Sólo veo una nube de polvo y los cuervos que revolotean alrededor del castillo.

-¡Baja Ana María o voy a convertir a las dos en estatuas! -gritó Barba Azul.

Las dos jóvenes bajaron y se volvieron a disculpar pero sin convencerlo, cuando Barba Azul se disponía a convertir a Ana en piedra,  se abrió la puerta de un golpe y los hermanas sujetaron a Barba Azul, debido a que habían desaparecido varias mujeres tenían una orden del rey para apresarlo para siempre.

Al salir Barba Azul del castillo y ser condenado a estar en la cárcel, como por arte de magia todas las estatuas recobraron su forma primitiva pudieron regresar a sus casas.

Rosa y Ana María se quedaron a vivir en el castillo sin volver a pasar problemas.

Fin

Moraleja

Recuerden que la mayor parte del tiempo no es bueno ser curioso, y menos si nos piden que no lo hagamos ya que podrían meterse en problemas como lo hizo Ana.



lunes, 18 de mayo de 2020

EL ASNO Y EL LOBO


EL ASNO Y EL LOBO
Edades: De 4 años en adelante
Adaptación de Fábula de Samaniego


Un día estaba un viejo asno paseando por el campo, cuando de pronto vio que un enorme lobo hambriento lo estaba siguiendo.
Pasaron las horas y por más que intentaba perderlo no se  quitaba de encima al terrible animal.


Cansado de tanto caminar, decidió parar y esperar a que el lobo se le acercará.

- Hola amigo lobo - saludó el asno amablemente


El lobo un poco sorprendido no supo que contestar, así que el asno le dijo:


- Que bueno que te veo, ya estoy viejo y me duele todo, ahorita traigo un clavo enterrado en mi pata que me causa gran dolor.
¿podrías ayudarme a sacar este clavo por favor? , ya quitándome esa agonía, podrías comerme sin ningún problema si eso es lo que quieres - dijo con tristeza el asno.


El lobo le contestó:

- A parte de gran cazador soy un excelente doctor, así que estira bien la pata, se valiente porque esto te dolera, pero en un momento te liberaré de ese clavo.


El lobo se acercó a examinarle la pata y en ese momento, el asno le soltó tal patada que el pobre lobo cayó al suelo viendo estrellas.

Lo cual aprovechó el asno para salir corriendo y huir.


El lobo recobró el conocimiento y dijo:

- Ay pobre de mi, bien merecido me lo tengo, yo soy un cazador y que me ando metiendo de doctor. - se levantó y emprendió el camino a casa para reponerse del dolor y de la vergüenza de haber sido tan ingenuo.


Fin



Moraleja.

Aún cuando estemos en situaciones de peligro, debemos intentar estar calmados y pensar con sabiduría una solución para nuestros problemas.

Te comparto un cuento para colorar y la página donde puedes ver más




Los esperamos en nuestro próximo cuento y recuerden visitar nuestra página en facebook  

martes, 5 de mayo de 2020

El Ratón de Campo y el Ratón de Ciudad


Fábula El Ratón de Campo y el Ratón de Ciudad
Adaptación de la fábula de Esopo
Edades: De 5 años en adelante



Había una vez un ratoncito que vivía en su pequeña casita la cual estaba cerca de una encina tan escondido que no se veía a simple vista.
Su cama estaba hecha de hojas, su mesa era un viejo corcho y su silla una piedra pequeña.

Como era un ratón muy previsor, se hizo una despensa donde guardaba frutos y semillas para que nunca le faltará comida.
Durante el día salía a tomar el sol y a platicar con los otros animalitos que vivían en el campo, su vida era muy tranquila lo cual le gustaba.

Cierto día , pasó un ratón vestido muy elegante, llevaba un sombrero y corbatita.
 Se acerco a saludar y se presentó,  después de platicar un rato, el ratón de campo lo invitó a su casita
 para que pasará la noche.
Le ofreció unas nueces de comida y un poco de agua fresca.

El ratón de ciudad miró su comida y le dijo:

- Muchas gracias por tus atenciones, veo que tu casa es pequeña y no tiene lujos, no sé como puedes ser tan feliz.
Deberías conocer mi casa, te encantaría!!, tengo una cómoda cama y la comida es deliciosa y variada.

El ratón de campo se alegró de la propuesta así que decidió aceptar la invitación de su nuevo amigo.

Aprovecharon que al día siguiente pasó una carreta y se metieron a un viejo baúl para llegar a la ciudad.

Al entrar a la casa del ratón de ciudad, nuestro amigo del campo, se quedó impresionado,
 vivía en un agujero dentro de una mansión, el lugar era enorme,
 las paredes estaban decoradas con papel de envolturas y los cuadros eran viejas estampillas
 que el ratón de ciudad había conseguido. La cama era de algodón y hasta tenía cojines.

Como los dueños de la casa donde vivía el ratón eran ricos, siempre que iba a buscar alimentos encontraban ricos manjares.

Cuando les dio hambre decidieron ir a la cocina a buscar que comer, había una gran mesa llena de papas, carnes, frutas y pastelillos de chocolate. 
El ratón de campo se relamió sus bigotes al probar la comida.

Pero cuando aún estaban comiendo un rico queso manchego, apareció un gato y los pobres ratones tuvieron que correr despavoridos para no ser atrapados.


Le latía muy fuerte el corazón y le preguntó al ratón de ciudad como podía aguantar eso, este le contestó:

- Si, aveces hay que correr mucho pero tu no te preocupes, al rato que el gato este descuidado saldremos otra vez por más comida.

Decidieron volver a intentarlo, así que salieron, pero apenas habían llegado a la mesa, cuando una señora con delantal los vio y empezó a tirarles escobazos para aplastarlos, los ratones tuvieron que volver al agujero.

El ratón de campo le dijo a su amigo:
- No puedo creer que puedas vivir con tanto temor cada vez que tienes hambre, yo la verdad prefiero vivir calmado y volver a mi casa en el campo.

Le agradeció sus atenciones y al día siguiente regreso a casa,
 pensando en su cómoda cama de hojas y sus ricos frutos que iba a cenar.

Fin


Moraleja:
Hay que valorar las cosas que tengamos aunque sean sencillas si eso nos hace tener una vida tranquila y feliz.

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Cuento la Lechera

Cuento: La Lechera

Adaptación de la fábula de  Samaniego

Edades: 5 años en adelante.


En una pequeña granja vivía una niña con su familia. La pequeña ayudaba en las labores de su casa y se ocupaba además de cuidar a los animalitos.
Un día su mamá la mandó llamar y le dijo:

- Hija mía, hoy ordeñe a las vacas y vi que dieron mucha leche, no podemos quedárnosla toda ya que podría echarse a perder, ¿crees que podrías ir a venderla en el mercado?

- Claro mamá, iré yo, así te recuperas del resfriado que tienes.


La madre de la pequeña le dijo que como recompensa le iba a dar todo el dinero que ganara con esa venta de la leche.
Eso alegro mucho a la niña, así que lleno un gran cántaro con la leche y salió de la granja hacia el pueblo, tomando el camino más corto

Se puso el cántaro sobre el hombro y empezó a pensar en que haría con esas monedas que le iban a dar.

- Oh, ya sé que puedo hacer con el dinero, se dijo la niña, con el dinero que me den por la leche voy a comprar una docena de huevos, entonces los llevaré a mis gallinas, ellas los incubarán y entonces nacerán doce lindos pollitos, cuando crezcan un poco iré al pueblo y los cambiaré por un pequeño lechón.

Voy a cuidarlo y alimentarlo para que crezca y se convierta en un gran cerdo.

Y lo llevaré al mercado y me lo cambiarán por una ternera, si, aunque estará pequeña se que crecerá y se convertirá en una vaca, la cual me va a dar leche todos los días y entonces podre llevar varios cántaros al pueblo y ganar mucho dinero, con el que luego compraré una casita.

La niña estaba tan ilusionada pensando eso y que no vio que en el camino había una piedra y entonces tropezó y la pobrecita cayó de bruces y como tuvo que meter sus manitas para no rasparse soltó el cántaro el cual voló por los aires, ella sólo pudo ver cuando caía haciéndose pedazos y regando toda la leche que traía. 

En esos momentos sus sueños se empezaron a desvanecer, adiós a sus huevos que le darían pollitos que le proporcionarían luego un lechón.
Ya no tendría ese cerdo que cambiaría por la ternera, ni la leche, ni la casa.

- Que tristeza, dijo la niña, eso me pasa por ser ambiciosa.
Recogió los trozos del cántaro y regresó a casa pensando en lo que le había sucedido.



Moraleja:
Es bueno soñar, pero nunca hay que dejar de vista el presente para que no nos distraigamos en el camino que nos llevará a nuestros planes.

Les comparto un dibujo para que coloreen sus pequeños pueden encontrar más en ese link





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lunes, 20 de abril de 2020

Fábula: Las Ranas Pidiendo Rey


Las ranas pidiendo rey
Adaptación de la Fábula de Esopo


En un estanque vivían varias ranas, nunca lograban ponerse de acuerdo y siempre era todo muy desordenado cuando tenían que tomar decisiones importantes.

Así que decidieron que necesitaban un rey, nombraron una comisión para que fuer a hablar con el dios Zeus y los apoyara.

Zeus,  escuchó lo que pedían y les dijo que pronto les enviaría a su rey.

Así que una noche cayó un fuerte leño de madera a la charca, todas las ranas se espantaron y buscaron un escondite. 
Pero cuando vieron que el leño no se movía salieron a la superficie a conocerlo.

Al principio creyeron que era demasiado tranquilo pero lo respetaban, pero al pasar los días, dada la quietud que tenían empezaron a sentir desprecio por el nuevo rey, así que brincaron sobre el, se sentaban arriba y se burlaban sin descanso.

Al poco tiempo volvió al desorden anterior y todas empezaron a discutir de nuevo.
Así que indignadas regresaron con Zeus pidiéndole que les cambiará ese rey ya que no les servía porque era muy tranquilo.

Zeus se indigno por lo poco agradecidas que fueron, así que les mandó ahora una activa serpiente, quién no las dejo tranquilas y empezó a cazarlas y devorarlas sin tenerles compasión


Fin

Moraleja: 
Cuando se trata de elegir a quien nos gobernara o ayudará, es mejor escoger a uno sencillo y honesto, en vez de uno activo que termine acabando con todo

lunes, 13 de abril de 2020

El Embustero

EL EMBUSTERO
Adaptación Fábula de Esopo
Edad: 6 años en adelante



Había una vez un hombre que era muy pobre y un día para su mala suerte enfermó gravemente.

 Se sentía desfallecer y entonces prometió a los dioses que si lo salvaban de morir, el a cambio sacrificaría cien bueyes.

Los dioses al escucharlo decidieron ponerlo a prueba, así que poco a poco el hombre recobró su salud y se levantó de la cama.

Como el hombre no tenía los bueyes que había prometido decidió modelarlos en sebo y luego fue a un altar a sacrificarlos diciendo:


-¡Aquí tienen, oh dioses, mi ofrenda!

Los dioses al ver como ese embustero quería engañarlos decidieron burlarse también, así que le enviaron un sueño en donde le decían que si se dirigía a la orilla del mar ahí iba a encontrar  mil monedas de plata.

A la mañana siguiente que despertó el hombre, lo primero que hizo fue dirigirse a la playa pero al llegar, unos piratas lo vieron y se lo llevaron, vendiéndolo después por mil monedas de plata



Fin

Moraleja
No hay que mentir o engañar para lograr un objetivo ya que siempre se descubren las mentiras y puede ser peor para todos