jueves, 7 de enero de 2021

La Camisa del Hombre Feliz

LA CAMISA DEL HOMBRE FELIZ

Adaptación León Tolstoi




Hace mucho tiempo en unas lejanas tierras vivía un zar quien enfermó gravemente. 
Fueron los los mejores médicos de todo el imperio, y cada uno lo intento curar usando sus remedios.
Unos sugirieron baños calientes, otros le daban infusiones de menta y eucalipto, unos cuantos le recetaron pomadas y bálsamos que traían de lejanos países. Pero no mejoraba, al contrario, cada día se sentía peor.
Se sentía tan mal el zar que prometió la mitad de sus pertenencias a quien lograra cuidarlo.
Después de que dijo eso empezaron a llegar de todas partes del mundo médicos, magos, curanderos sin resultado.
Un día llegó un trovador diciendo que él sabía el remedio diciendo:

- Yo sé el remedio: la única medicina para vuestros males, Señor. Sólo hay que buscar a un hombre feliz: vestir su camisa es la cura a vuestra enfermedad.

Dicho esto, partieron emisarios del zar hacia todos los confines de la tierra, pero aunque suene sencillo no lo era, ya que al hablar con varios hombres que tenían buena salud, se quejaban porque ni tenían dinero o amor.
Otros decían que eran infelices porque no tenían hijos o una casa propia.
Ya estaban cansados los soldados de caminar cuando llegaron a una pequeña choza 
donde un hombre descansaba sentado junto a la lumbre de la chimenea diciendo:

 —¡Qué bella es la vida! Con el trabajo realizado, una salud de hierro y afectuosos amigos y familiares ¿Qué más podría pedir? 

Llegó la noticia al palacio y todos se alegraron, el hijo del zar ordeno:

 —Traed rápidamente la camisa de ese hombre. ¡Ofrecedle a cambio lo que pida! 

Comenzaron los preparativos para celebrar la inminente recuperación del gobernante, la gente estaba impaciente por volver a ver a los emisarios con la camisa que curaría a su gobernante, mas, cuando por fin llegaron, traían las manos vacías:

 —¿Dónde está la camisa del hombre feliz? ¡Es necesario que la vista mi padre! - dijo el hijo del zar enojado

 —Señor -contestaron apenados los mensajeros-, el hombre feliz no usa camisa.

 Fin


Moraleja

La felicidad de algunos no siempre es la de todos, así que no hay que depender de nadie para sentirnos contentos.

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